Vika Andreyeva puede conjurar nieve y convertir la ceniza en oro. Nikolai Karimov puede ver a través de las paredes y conjurar puentes en el aire. Ambos son encantadores, los únicos en Rusia, y con la amenaza del imperio Otomano y los cosacos, el Zar necesita un poderoso encantador a su lado.
Así que inicia El Juego de la Corona, un antiguo duelo de habilidad mágica y las más grande prueba que un encantador puede conocer.
El vencedor se convierte en el Encantador Imperial y el consejero del zar. El perdedor es sentenciado a muerte.
Criada en la pequeña Isla Ochinin, Vika esta ansiosa por demostrar su talento en la gran capital de San Petersburgo. Pero, ¿puede asesinar a otro encantador, incluso cuando su magia la llama como ninguna otra cosa lo ha hecho en su vida?
Para Nikolai, un huérfano, El Juego de la Corona es su oportunidad. Pero su peligrosa oponente es una fuerza que lo atrae, ya que es hermosa, lista e imaginativa, y no puede dejar de pensar en ella.
Y cuando Pasha, el mejor amigo de Nikolai y el heredero de la corona, también comienza a enamorarse de Vika, Nikolai deberá vencer a la chica que ambos aman... o morir en el intento.
Mientras diversos secreto emergen, amenazando el futuro del reino, una cosa es segura... El Juego de la Corona no es uno que se pueda perder.
No sabéis lo que me emocioné la primera vez que oí hablar de este libro. Tal y como me lo vendieron, tenía una pinta alucinante: fantasía histórica ambientada en Rusia, época zarista pero con magia. Tenéis que admitir que suena bien.
Igual ya no suena taaaaan bien si le metes el insta-love, el triángulo amoroso forzado, los personajes acartonados y la narración explicativa, pero claro, yo al principio no sabía nada de eso y me aventuré a la lectura de El Juego de la Corona con ilusión e inocencia.






